Estos son los últimos textos (en orden cronológico) de mi antiguo blog, que he debido dejar por problemas técnicos. Uds puede intentar leer el resto de los escritos en http://haroldurand.blogia.com[ Palabra contra la Muerte ]A esta hora de la noche [ cuando la oscuridad nos torna al punto de partida ] no se me ocurre otra cosa que escribir que al fin de cuentas se está solo, diluido, con la muerte al frente, al lado y dentro, en lo íntimo y en el sueño.
Que sencillamente se vive porque no se tiene más argumento que la estrella que se ve sobre el horizonte cuando se voltea la vista antes de cerrar la puerta de calle y la que se alcanza a divisar sobre el cerro a través del resquicio de la cortina en la ventana, al alba.
Una estrella que posiblemente esté sólo en la retina de los ojos, mojada a veces, o a veces roja o sucia de polvo del camino por el que nos lleva la muerte.
Un camino andado en mi juventud que al comienzo lo vi futuro y con los años ha resultado pasado borroso, hasta el punto en que se me confunde el paso al no saber si vengo o voy y si esta gente ya está muerta o todavía fresca.
La gente no siempre tiene que heder o andar en los huesos ni tiene que ser incorpórea como la brisa helada, para estar muerta.
El hielo que a ratos me estremece me ha puesto suspicaz con mi tiempo, con mi agenda y mi buen día, vecina, y mi buen día, vecino.
Mis vecinos al mediodía gentilmente han colgado un cesto con racimos de uva tinta moscatel en el cercado de agudo hierro negro.
El cercado es el linde del Huerto donde Florencia me ve con sus ojos verdes y Francesco estrena sus primeras palabras.
En fin [ para no hablar más de la muerte ] me despido de este escrito con una de su novísimo vocabulario:
Diente.27 se marzo de 2009. Santa Cruz
[ La Higuera ]Con la Luna nueva volvía a sentirse en el aire de la noche la presencia de aves, a verse extraños visos, y la dificultad de distinguir las ondas frescas anunciantes de otoño, de las estelas del averío azaroso, si bien se oían [ al menos dentro del pecho ] los golpes de ala de la hora de aojadoras y brujos, por lo que nos guardamos temprano con nuestro Francesco. En lo alto, antes de cerrar la puerta, vimos pasar las constelaciones como bandadas de ángeles que llevan por el cosmos noticias del Huerto.
Cenamos con las cortinas corridas, silenciosos a la luz de una vela.
En los vidrios de las ventanas se estrellaban pequeños blandos cuerpos.
En el comedor el tic tac del reloj de péndulo que perdió uno de sus punteros, se oía como el tranco del viejo de cachava que pasa a medianoche por el pasaje hacia las casas de campo.
Cuando me disponía a levantar la mesa, llamaron desde el cercado.
Era Nuestro Señor que venía por higos.
«La próstata», dijo. «La próstata».
«Sí, claro», y lo invité a entrar a la casa.
Florencia fue al Árbol en cuyas ramas ahora se hallaban los avechuchos.
Nosotros que los vimos desde la puerta de la cocina, alzamos los brazos para espantarlos.
Volaron llevándose los higos.
Nuestro Señor, pálido, cansado, quejumbroso se sentó en el sillón de mimbre de la pérgola. Florencia, solícita, le abrigó la venerable cabeza con un chullo y las piernas con un paño de alpaca.
Arriba, debajo del cielo, el alboroto disputaba los frutos del Vicio y la Concupiscencia.
29 de marzo de 2009. Santa Cruz
[ Croissant de Lune ]Mientras niños y parvularias de la Comuna se juntaban esta mañana bajo las copas de los árboles de la plaza, sobre el césped, a celebrar el Día del Libro Infantil [ mientras príncipes y dragones de trapo dialogaban con ánimas del lugar, que los mayores filmaban con sus cámaras parecidas a sextantes ] la Tierra inclinaba su eje soltando en el cielo nubes leves, brisas suaves y un rocío estelar que humedecía las hojas de las arbustos, las de los libros y las naricillas de los pequeños. Después [ Florencia, Francesco, su nana Carla y yo ] nos íbamos a un restaurante de la calle Cancino a comer merluza de aguas matinales con ensalada de pepinos bañados en aceite de oliva de los oliveros de Lolol, que acompañamos con vasos de vino blanco. Francesco, vestido de arlequín, durante el almuerzo se ocupó de ensayar la onomatopeya inspirada en la figura del caballo negro que vio en el techo que sobresalía al lado izquierdo del escenario de los personajes del guiñol. Al caballo lo escoltaban gruesas letras puestas en desorden, también negras. Cuando anochecía, en el comedor [ mientras esperaban a que yo terminara de hojaldrar y hornear los
croissants ] Francesco dio entonces en engarzar sílabas guturales que nos llegaban a los oídos con reminiscencias de antiguas lenguas de Ur. Por vaga curiosidad me asomé a la ventana de la cocina a mirar la noche. Por detrás de los cerros, donde imaginamos las sombras húmedas de la corriente de Humboldt, se alzaba la cuarta creciente de la Luna de otoño. Apenas lo oyó, Florencia comenzó a decir un versículo de la Biblia: «Y vi un caballo negro; y el que iba sentado sobre él tenía en su mano una balanza. Y oí una voz decir: Un litro de trigo por un denario, y tres litros de cebada por un denario; y no dañes el aceite de oliva ni el vino». Viene ahora desde la cocina el aroma horneado de los
croisants mientras Francesco hace dar pasitos a su caballo imaginario, chasqueando la lengua, en su original comedia de títeres.
02 de abril de 2009. Santa Cruz
[ Vero Icono ]Signor mio Gèsu Cristo Dio verace
Or fu sì fatta la sembianza vostra?
Canto XXXI, Paradiso, La Divina Commedia*Este mes no he visto la Luna en su plenitud. Cuando la hallé el Viernes Santo entre las ramas de los olmos, ya era tarde, comenzaba a perder su ánima.
Nosotros veníamos por Diego Portales, desde el puente «San José de la Montaña» del estero Guirivilo.
Tal vez fue ella la que puso luz otoñal en el rostro de Francesco [ ¿o era el reflejo del nimbo de las velas de la sexta estación del Vía Crucis instalada en la esquina de Portales con Barros Grez? ]
Sin embargo nos atrajo la atención las faces de las devotas alrededor del retablo, retocadas por una sombra ineludible.
[ En ese momento pasó una pareja de inspectores municipales con antifaces de mármol silbando una melodía parecida a las flores de los difuntos ]
Fue cuando la Luna se encumbró sobrecogida sobre los olmos como el paño de Verónica.
20 de abril de 2009. Santa Cruz
*Señor mío Jesucristo, Dios veraz,
¿Así era entonces tu semblanza?Canto XXXI del Paraíso de La Divina Comedia.[ El ojo de Dios ]Proverbios 15:3: Los ojos de Jehová están en todo lugar, / Mirando a los malos y a los buenos.
A esta hora cuando la vieja Luna no se muestra, cierta gente dice que un ojo vigila la noche y que si no está allá arriba entre las galaxias, está aquí en el suelo del Huerto, en la calle, por debajo del cemento o de las piedras, entre las raicillas, pisoteado y ofendido de salivazos, sucio de polvo y basura de los que se libra con un par de parpadeos falaces, gracias a su pupila fuerte, fija y giratoria, de tal forma que cuando duerme, no duerme, aunque despierto parece despierto, pupila de animal de estepa que contempla en el añil profundo las migraciones de las almas encaminadas a un lejano hemisferio astronómico, mirabel de agua que se turba de luz umbrosa en noche de luna menguante, sin ponerse triste ni melancólico, sencillamente una mirada que en pleamar se nos cuela en los sueños y nos levanta los párpados para espiar en el dormitorio, ojo siempre atento al paso de los relojes [ esos inútiles artefactos que no marcan más que el paso de los punteros ] sólo para no ser sorprendido por la campanilla que despierta a los dormidos que flotan en el agua de las sábanas, así que a una hora prudente se deja arrastrar por la resaca hacia su madriguera, cuenca compuesta de todas las cuencas, causa de que nadie lo ha visto, salvo el sonámbulo que ha vuelto murmurando la voz de la sombra y nos lo narra cuando al fin repliega los párpados, mirándonos abiertamente como si fuera un pálido calamar caído del oscuro cielo.
23 de abril de 2009. Santa Cruz
*
Acababa de escribir el texto y de titularlo, cuando buscaba en Internet averiguar si algún otro escrito o cosa tuviera ese nombre, hallando muchos, di con esta noticia que, según se cuenta, ha dado la vuelta al mundo en pocos días. Dice así: «Hace poco descubrieron un calamar gigante con una longitud de 8 metros y que pesaba unos 500 kilos. Los expertos dicen que dicha especie de calamares (Mesonychoteuthis hamiltoni) puede llegar a los 14 metros de largo. Lo sorprendente de este caso es que cuando midieron el ojo de esta criatura, resultó de unas proporciones gigantescas: 11 pulgadas (28 centímetros) de diámetro». Se podrán imaginar el impacto emocional que me causó. Fue asombroso, estremecedor.